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martes, 11 de diciembre de 2012

A dormir, en espera de un milagro...

        No tan distintos a muchos de nosotros  nos resultan los antiguos griegos que acudían al santuario de Asclepio en Epidauro para encontrar solución a sus problemas de manera milagrosa. No se pedía al benévolo hijo de Apolo únicamente recuperar la salud; la consulta podía ser útil, por ejemplo, para recuperar a un hijo desaparecido. Los fieles se dirigían al santuario, situado en la región de la Argólida (Peloponeso), y allí, en la parte más sagrada del templo (el ádyton), tenían que dormir (incubatio) un número indeterminado de noches hasta que el dios se les apareciera en sueños y les dijera qué debían hacer para solucionar su problema. Si recuperaban la salud u obtenían lo que les había llevado hasta Epidauro mediante estas visiones nocturnas, hacían luego una ofrenda en la que se narraba de forma breve el milagro. Conservamos testimonios de muchas de estas "curaciones milagrosas" (iámata). Al leerlas, a veces se nos ocurre enseguida la explicación del "prodigio". Otras, no tanto. Pero tenía fama de eficaz. No en vano se dice que la fe mueve montañas.



        Siguen aquí tres milagros de tipos diversos: la resolución de un embarazo interminable, el crecimiento del cabello deseado y el hallazgo de un niño perdido, por irse donde no debía.


Cleo estuvo cinco años embarazada. Cuando ya llevaba cinco años así, fue a suplicar al dios y durmió en la parte más sagrada del santuario. En cuanto salió de allí y se encontró fuera del templo, dio a luz un niño que nada más nacer se lavó con agua de una fuente mientras gateaba en torno a su madre.
Como Cleo consiguió lo que quería, hizo esta inscripción en una ofrenda:
“No hay que admirar el tamaño de esta tablilla, sino el milagro que ha hecho el dios. Porque Cleo tuvo cinco años en su vientre esta carga, hasta que durmió en el templo y recuperó la salud.”


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Hereo de Mitilene. No tenía pelo en la cabeza, y sí muchísimo en el mentón.
Como le daba vergüenza porque se burlaban todos de él, durmió en el templo. Y el dios le untó con un ungüento la cabeza e hizo que tuviera pelo.





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 Aristócrito se zambulló en el mar, buceó y llegó a un lugar seco, con piedras alrededor, y no era capaz de encontrar ninguna salida. Después, como no lo encontraba por ningún lado por más que lo buscaba, su padre durmió en la parte más sagrada del santuario de Asclepio, para preguntar por su hijo. Y tuvo un sueño. Le parecía que el dios le llevaba a un lugar y le mostró que allí se encontraba su hijo. Y cuando salió del santuario, cortó la piedra que había visto en sueños y encontró a su hijo, que llevaba allí siete días.





No estaría mal que ahora, en los tiempos que corren, Asclepio echara también una mano. Eso de que le resuelvan a uno los problemas durmiendo, aseguraría al dios sin duda una legión de seguidores en redes sociales.


(Traducciones de Rosa Mariño)

viernes, 3 de febrero de 2012

Esa herida ni tú te la curas, Quirón


     En el monte Pelión, en Tesalia, vivía Quirón, hijo de Crono y de Fílira, una de sus sobrinas (de acuerdo con las fuentes que la consideran hija de Océano, el mayor de los Titanes). Era un centauro, mitad hombre y mitad caballo, porque Crono había adoptado la forma de este animal para unirse a Fílira, pero a diferencia de los otros centauros, seres salvajes nacidos de la unión de Ixión con un simulacro de la diosa Hera (atentado contra la hospitalidad que Zeus le había ofrecido y que hizo a Ixión merecedor de un severo castigo en el Tártaro), Quirón es sabio y benévolo, y por ello se convierte en preceptor de  héroes tan célebres como Aquiles, Jasón o  Asclepio. Les enseñaba música y medicina, además de las artes de la caza y de la guerra. Era también un buen cirujano, como demostró al sustituir un hueso del pie de  Aquiles (que Tetis había quemado intentando hacerle inmortal) por otro proveniente del esqueleto de  un gigante,  excelente corredor mientras vivía, Dámiso, de forma que el “rápido de pies, divino Aquiles” debía a Quirón su extraordinaria velocidad.


 Peleo, rey de Ptía (Tesalia) y padre de Aquiles, y Quirón eran amigos desde que éste último le salvó la vida cuando en cierta ocasión, encontrándose desarmado, se vio rodeado de centauros que querían matarle. Más adelante, Quirón le aconsejó lo que debía hacer para conseguir su objetivo de convertirse en esposo de Tetis. Ella era una divinidad a la que Zeus pretendía, pero tuvo que renunciar a ella al saber que Tetis engendraría un hijo más poderoso que su padre (y Zeus temía que un hijo fuera a hacerle lo mismo que él a Crono, su padre, y Crono, a su vez, a Urano: arrebatarle el poder). Por eso, o por negarse a mantener relaciones con Zeus por respeto a Hera, Tetis se vio obligada a contraer un matrimonio que consideraba denigrante. Como divinidad marina que era, Tetis podía cambiar de forma, y para sustraerse al abrazo de Peleo se metamorfoseó en fuego, agua, viento, árbol, pájaro, tigre, león, serpiente y jibia, pero Peleo, siguiendo las indicaciones de Quirón, la sujetó sin soltarla hasta que ella tuvo que ceder y reconvertirse en fémina.

Bodas de Tetis y Peleo


Luego les fueron naciendo hijos, a los que la diosa intentaba hacer inmortales, sin conseguirlo. Morían en el transcurso del ritual que practicaba para eliminar su parte mortal. Aquiles se salvó porque Peleo llegó a tiempo de sacarle del fuego, pero la pareja acabó separándose y por eso Quirón fue el encargado de educar al joven héroe.

Peleo, Aquiles y Quirón



   Los conocimientos de medicina le serían muy útiles a Aquiles para, por ejemplo, curar al herido Patroclo.

Aquiles curando a Patroclo

    Quirón fue también preceptor de Jasón, hijo del rey Esón, cuando Pelias le destronó y el niño tuvo que salir de su ciudad, Yolco. Más adelante, el joven regresaría vestido con una piel de pantera y una sola sandalia a su ciudad, para reclamar el trono que le correspondía.

    En cuanto a Asclepio, hijo de Apolo y de una madre mortal (Corónide, o Arsínoe), fue tan buen aprendiz de médico de Quirón que llegó al extremo de resucitar muertos empleando la sangre que brotaba de la vena del lado derecho de la cabeza decapitada de Medusa y que le había dado Atenea. Cuando ya llevaba unos cuantos resucitados, Zeus se enfadó  y lo mató con un rayo, para que no pareciera que  Asclepio era un dios, provocando la ira de Apolo, que se vengó dando muerte a los Cíclopes que habían fabricado el rayo para Zeus. Hijos de Asclepio, y por tanto, discípulos lejanos de Quirón, son Podalirio y Macaón, médicos destacados que ejercen sus artes en La Ilíada, así como, según la tradición, Hipócrates, el padre de la medicina científica.

Asclepio, Quirón y Apolo



    Quirón había nacido inmortal, pero cuando Heracles lo hirió involuntariamente con una flecha untada con el veneno o la sangre de la Hidra de Lerna en el transcurso de una pelea con los centauros en tierras del centauro Folo,  le produjo una llaga incurable en la zona del pie, de manera que Quirón prefirió dar a Prometeo su inmortalidad a cambio de la posibilidad de morir y librarse del sufrimiento.

    Existe un proverbio antiguo (Zen. Par. VI 46): "Llaga de Quirón", que algunas fuentes explican como referido a las heridas incurables, pero es posible que en su origen se aplicase más bien a una herida  de tal  calibre que requeriría la intervención de un médico tan excepcional como Quirón.