martes, 14 de febrero de 2017

Tres poemas griegos de amor

     Se cierra el ciclo y nos encontramos una vez más ante el día comercialmente dedicado, en nuestro país y algunos otros, a los enamorados. Ya sabemos, naturalmente, que lo que importa de verdad no son los regalos, sino los sentimientos, aunque los antiguos también recurrieran a ellos sobre todo cuando sentían mucha presión de la competencia. Sin embargo, quienes nos interesan hoy son quienes tiene la capacidad de hablar de amor sin emplear palabras hueras y de conmovernos hasta lo más profundo.Son tres las perlas que hemos seleccionado para reflexionar sobre la pasión amorosa y el paso del tiempo, y sus autores, nuestros admirados Safo, Anacreonte e Íbico.

Me parece que es igual a los dioses



ese hombre  y cualquier otro que enfrente de ti



esté sentado y, cerca, mientras hablas dulcemente,



       te escuche,



y  tú sonríes llena de atractivo. Eso -te lo juro-



me ha sobresaltado el corazón dentro del pecho;



 pues con sólo verte a ti un instante, no me sale ya



         decir ni una sola palabra,



sino que la lengua por completo se me ha quebrado y leve



al punto corre  el fuego bajo mi piel,



con mis ojos nada veo, me zumban



          los oídos,



me chorrea el sudor, un temblor



me coge toda, más verde que la hierba



estoy, y a un paso de la muerte



         me parece a mí misma que me hallo.



Safo de Éreso,   Fr. 31 Voigt 














Una vez más, con su pelota purpúrea



me alcanza Amor, el de cabellos de oro,



y me invita a compartir juego



con una joven que calza sandalias de colores.



Pero ella, como es de la bien construida



Lesbos, mis cabellos,



como son blancos, los desprecia,



y abre su boca en pos de otros.



Anacreonte de Teos , Fr. 13 Gentili



 Amor otra vez a mí, por debajo de unos párpados


oscuros mirándome lánguidamente con sus ojos,



con toda clase de embrujos me arroja



a las inextricables redes de la diosa de Chipre.



A fe que tiemblo ante él cuando ataca,



como cuando en la vejez carga con el yugo un caballo cargado de premios



y de mal grado va a la competición con veloz carro.



Íbico de Regio,  Fr. 287 Davies













Traducción: Fernando García Romero, De hombres y dioses. Antología de poesía lírica antigua (siglos VII-V a.C.), Madrid, Escolar y Mayo, 2015.


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