lunes, 11 de noviembre de 2019

Un muro es un muro, se llame como se llame (Nicosia)

       Acabamos de celebrar los 30 años de la caída del Muro de Berlín, un acontecimiento que sorprendió al mundo. Pero debemos recordar que existe una ciudad actualmente dividida por un muro, aunque su nombre evoque, en los días que corren, más la ecología que lo que en realidad es: la prueba fehaciente de una  fractura aún sin reparar. La ciudad es Nicosia, en la isla de Chipre, y el muro, la llamada Línea Verde.

El muro corta una calle de la Nicosia grecochipriota

       La Línea Verde (Green Line) es una zona desmilitarizada que, desde julio de 1974, divide la isla de Chipre de este a oeste, así como su capital, Nicosia, en dos partes: una al norte, la de la autodenominada República Turca del Norte de Chipre (solo reconocida como estado por Turquía), y otra al sur, la República de Chipre, que forma parte de la Unión Europea desde 2004. La longitud total de la Línea Verde es de 180 km. 




       En Nicosia, el paso a través de la Línea Verde se hace, exclusivamente, por dos lugares: el Ledra Palace Check Point (para vehículos y peatones) y el Ledra Street Crossing Point (para peatones), y es necesario pasaporte. Ambos pasos están controlados por las fuerzas de seguridad de ambos países y de la UNFICYP (Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre,  desplegada en la isla ya desde 1964, debido a los enfrentamientos que se producían entre grecochipriotas y turcochipriotas). Su ancho oscila entre el de una calle (poco más de tres metros) y siete kilómetros, y es patrullado por las tropas de Naciones Unidas. La denominación de Línea Verde, se emplea, por extensión, a toda la zona de amortiguación (Buffer Zone), que separa a las dos comunidades (grecochipriota y turcochipriota) mediante barricadas, alambres de púas y puestos de guardia.


       La isla se partió debido a razones políticas. Chipre, que era desde 1914 una colonia del Imperio Británico, había conseguido la independencia el 16 de agosto de 1960. Los años anteriores, la denominada  EOKA (Εθνική Οργάνωσις Κυπρίων Αγωνιστών, esto es, Organización Nacional de Combatientes Chipriotas), organización nacionalista chipriota griega, estaba luchando para expulsar  a las tropas del Reino Unido de la isla, y para lograr la autodeterminación y la unión con Grecia (Ένωσις). Los términos en que se declaró la independencia eliminaban claramente esta última posibilidad.
           Después de diversos enfrentamientos entre las comunidades grecochipriota y turcochipriota, sobre todo en 1964 y 1967, Chipre se encontraba mayormente dominada por la comunidad grecochipriota. Su primer presidente fue el Arzobispo Makarios, reelegido luego dos veces más.  El detonante del conflicto que concluyó con la invasión turca del norte de la isla fue el Golpe de Estado contra el gobierno de Makarios, que tuvo lugar el 15 de julio de 1974, auspiciado por la Dictadura de los Coroneles en Grecia. Turquía vio peligrar la situación de la comunidad turcochipriota y reaccionó con rapidez. El 20 de julio lanzó la Operación Atila, que concluiría con la ocupación militar del 38% del territorio de la isla y la creación de la autodenominada República Turca del Norte de Chipre (Territorios Ocupados para la República de Chipre y la comunidad internacional).

En 2004, aprovechando la entrada de la República de Chipre en la Unión Europea, tuvo lugar un referéndumsobre la reunificación de la isla, que no prosperó, pues el 76% de los grecochipriotas se manifestaron en contra, frente al 65% de los turcochipriotas que deseaban la unión. Desde entonces la situación no ha variado.

La Línea Verde, en 2018

        Para hacerse una mejor idea de la situación, estas son las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores español para viajeros a Chipre:



Desde 1974, el norte de Chipre -aproximadamente un tercio de la isla- está ocupado militarmente por Turquía. Existe allí una autodenominada "República Turca del Norte de Chipre" que no está reconocida por ningún otro estado, con la excepción de Turquía.

Según el Reglamento de la Unión Europea que regula el movimiento de personas y bienes entre la parte de la República de Chipre controlada por el gobierno y el norte de la isla, existe plena libertad de movimientos en toda la isla (excepto en ciertas zonas militares, tanto en el norte como en el sur), por lo que los ciudadanos de la Unión Europea pueden cruzar la línea divisoria sin límites temporales ni restricciones, tanto a pie como en vehículo, siempre que lo hagan por los puntos autorizados a tal efecto.

Por otra parte, las autoridades de la República de Chipre consideran ilegal la entrada en la isla a través de puertos o aeropuertos situados en la zona turco-chipriota, y pueden aplicar las sanciones legales correspondientes. Asimismo, consideran ilegal la estancia en un hotel situado en el norte que antes de 1974 perteneciera a ciudadanos greco-chipriotas o que haya sido construido posteriormente en un terreno cuya propiedad esté en litigio. Puede encontrar una lista de hoteles, con su estatus, en el enlace marcado.


Asistencia y protección consular

Puesto que España no reconoce a la autoproclamada "República Turca del Norte de Chipre", no es posible garantizar siempre la debida protección consular en esa parte de la isla.


Debe tenerse en cuenta también que es difícil realizar llamadas telefónicas entre ambas partes. Por lo tanto, en el caso de que se produzca una emergencia consular en el norte, se recomienda ponerse directamente en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación en Madrid, mediante llamada telefónica (+34 91 394 89 00 o bien +34 91 379 97 00), al objeto de que éste informe a la Sección consular de la Embajada de España en la República de Chipre del problema y se le pueda asistir consularmente en la medida de lo posible.





domingo, 21 de julio de 2019

Grecia y Roma en Valladolid (Museo Nacional de Reproducciones Artísticas)

       A principios de los años 90 acostumbraba a llevar a mis alumnos de Mitología Clásica (así se llamaba la asignatura que impartía en 2º y 3º de BUP) a visitar el Museo Nacional de Reproducciones Artísticas que se encontraba entonces alojado, de manera un tanto precaria, en el edificio en ocupa ahora el Museo del Traje, en Madrid. Allí había llegado tras su expulsión del Museo de América, donde estuvo entre 1961 y 1990, porque necesitaban -lógicamente- espacio para sus propias colecciones. Al Museo de América había llegado, a su vez, desde el Casón del Buen Retiro, donde estuvo entre 1877 y 1960, debiéndose su creación, con fines didácticos, al entonces Presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo. Me gustaba visitar el Museo de Reproducciones Artísticas porque el personal era amabilísimo, había siempre jóvenes dibujantes copiando las obras expuestas y permitía contemplar a tamaño natural las obras de arte griego y romano a las que hacían poca justicia  las diapositivas que usábamos en clase. Era como viajar a Grecia y a Italia por el precio de un billete de autobús urbano. Pero lo clausuraron sine die.

        Aunque casi treinta años después buena parte de los alumnos visitan Italia (e incluso Grecia) antes de acabar el Bachillerato, he echado de menos en ocasiones las posibilidades que ofrecía aquella visita. Por eso me he sentido afortunada al descubrir (ya era hora) que parte de sus fondos se encuentran magníficamente expuestos desde el 28 de febrero de 2012 en la Casa del Sol de Valladolid, palacio adquirido en 1999 por el Estado para que formara parte del Museo Nacional de Escultura.


         
       El Museo está muy bien preparado para la visita, y muestra una selección de cerca de 300 piezas representativas de la antigüedad clásica, de entre las 3000 que componen sus fondos (abarcando el amplísimo período de la historia del arte que se extiende desde el antiguo Egipto hasta el Barroco).  Desde la Máscara de Agamenón a los retratos del Fayum, las copias están distribuidas en cinco secciones: 

 
- La "invención" de la Antiguedad.

- La belleza desnuda.

- Imágenes del furor.

- Sabios y héroes.

- Enigmas y fragmentos.



















        Tras un largo peregrinaje (más de un siglo) y siempre alojándose de prestado, estas copias que provienen de los moldes obtenidos de las obras originales, han encontrado un lugar digno donde dialogar (expresión tan de moda) con los hombres y las mujeres del siglo XXI, y a solo una hora de Madrid, si se aprovecha la alta velocidad del Alvia. Grecia y Roma vuelven a estar muy cerca.


Imágenes: Rosa Mariño (CC, BY, ND)

sábado, 13 de julio de 2019

Atenas y la Argólide, vistas por vez primera

        Probablemente todos recordemos numerosas anécdotas de nuestro primer viaje a Grecia, y lo que sentimos al ver delante de nosotros los lugares que antes eran solo imaginados. En  mi caso, sin profesores, y con diecinueve años sin cumplir y una amiga y compañera. Cero lujos. Con escala en Barcelona y hotel junto a la Estación de Larisa. Un café y un único kuluri para desayunar. Sin móvil, ni cámara de fotos. Sin saber ni una palabra de griego moderno, pero, eso sí, escribiendo con espíritus y acentos y sin faltas de itacismo ante el lógico estupor de unos cuantos locales. Con un libro de Historia de Grecia del que nos teníamos que examinar a la vuelta bajo el brazo, y al que echábamos de vez en cuando un ojo un tanto desganado mientras tomábamos frappés en las soleadas terrazas de Dionisio Aeropagita. Semana Santa y sin música en los bares de Plaka, por respeto, decían. Lo que más me impactó: el Partenón, que me dejó sin aliento unos segundos. Allí arriba compartías espacio con los dioses.

           Pues bien, ya no soy capaz de decir cuántos viajes he hecho a Grecia, pero sigo siendo capaz de ver por vez primera Grecia a través de los ojos ajenos. Con vuelos directos, móviles y desayunos buffet, pero la misma ansia. Soy feliz por ello. Y aquí está el testimonio de este año, con unos alumnos a los que no olvidaré.


                                                         Viaje de estudios a Grecia