domingo, 23 de enero de 2011

Contubernia Gregoriana III: La cultura castreña

               
Cultura Castreña es el nombre que recibe la cultura desarrollada en el noroeste de la Península Ibérica desde finales de la Edad del Bronce (primer milenio antes de Cristo) hasta comienzos de nuestra era, a causa del tipo de asentamiento empleado por la población indígena: el castro. Algunos autores distinguen varias fases cronológicas en esta cultura: comienzo (siglos VII y V a.C.),  desarrollo (siglos IV-II a.C.), época castreño-romana (siglos II a.C.-I d.C.) y galaico-romana (siglos I-III d.C.).
Su zona geográfica abarcaba la actual Galicia y la parte frontera con ella de Asturias, León y Zamora; por el sur llegaba hasta el Duero, en tierras del norte de Portugal.

Castro de Fazouro, Lugo
Los castros se construían normalmente en lugares elevados y despejados, para mantener vigilados los alrededores, pero para favorecer la explotación de los recursos naturales podían levantarse junto a un río, en una península, una isla o una llanura.
En la mayoría de los castros hay un recinto superior, la corona, y terrazas a su alrededor en las que se sitúan más construcciones. Cada parte puede estar rodeada por murallas, parapetos o fosos. En ocasiones hay recintos exteriores (antecastros) amurallados sin construcciones, que servirían para guardar los animales o los útiles agrícolas.

Los parapetos son elevaciones artificiales del terreno, que se construyen en los puntos más desprotegidos: entradas y zonas llanas. Generalmente están asociados a fosos que se excavaban en tierra o en la roca viva; muchas veces se aprovechaban para construir el parapeto los materiales extraídos del foso. Las murallas son defensas de piedra bien asentadas en el suelo, simples o dobles, en este caso con un espacio entre ambas relleno de piedras más pequeñas. A veces se construían torres en los accesos a las puertas. La subida a la muralla se haría desde el interior mediante escaleras de madera o rampas. Habitualmente existía una única entrada, reforzada o protegida por un entrepaño de muralla que sobrepasaba a otro paño, formando así un corredor estrecho que obligaría a los enemigos a entrar de lado, sin poderse proteger por el escudo. Los cerramientos de las puertas debían de ser de madera, pues no se han conservado. Sin embargo, como no hay pruebas arqueológicas de que los castreños luchasen entre ellos, F. Calo considera que las murallas no tenían valor propiamente defensivo sino que debían de constituir una muestra de riqueza, prestigio y poder, delimitando el poblado y protegiendo simbólicamente el recinto.

Briteiros, Portugal- Casa del Consejo
 En el interior del castro, las casas, circulares o de esquinas redondeadas, carecen de paredes medianeras, de manera que cada una está separada de las demás. En el siglo I d.C. aparecen los barrios (agrupamiento de edificaciones), que pueden estar formados por varias construcciones rodeadas por un muro con apertura a la calle; eran probablemente unidades familiares de producción y consumo, en la que una construcción sería la vivienda y las demás almacenes, establos, talleres cerámicos, metalúrgicos, etc. Dentro de algunas casas hay bancos corridos adosados a la pared; si se trata de edificaciones muy grandes se interpretan como recintos de reuniones. Para el abastecimiento de agua existían a veces fuentes-aljibes o cisternas, a las que se bajaba por una escalera, mientras que para evacuar el agua de lluvia se construían canales que la vertían al exterior por agujeros practicados en las murallas.


Parte fundamental de la casa es el hogar, construido en un lateral o en el centro empleando piedras planas, barro o tejas. Es posible que al lado del hogar estuviera el poste que sujetaba el techo y al que se sujetaban colgadas las ollas. El suelo era de barro pisado, las paredes de piedras irregulares o poligonales, generalmente sin ventanas, y las cubiertas o techumbres de elementos vegetales (paja), a veces reforzados con barro y sujetos por pesos; posteriormente aparecen tejas de barro. En el siglo I d.C., ya en contacto con Roma, se construyen casas de piedra circulares con vestíbulo en el que se podía situar el horno para cocer  el pan y abrevaderos para los animales. Ya a finales de este siglo aumenta el número de casas cuadradas o rectangulares. 

Briteiros, Portugal- Barrio romanizado

No se han encontrado restos de edificios religiosos excepto tal vez uno en el castro de Elviña (La Coruña) , ni restos de enterramientos o incineraciones.

A partir del siglo II d.C. la mayoría de los castros comienzan su declive; otros continuarán ocupados bajo otras formas de vida ya romanizadas.

Bibliografía recomendada:
P. Barciela Garrido-E. Rey Seara, Xacementos arqueológicos de Galicia, Ed. Xerais, Vigo 2000.
X. Carballo Arceo, Arqueoloxía de Galicia. Itinerarios polo pasado, Ed. Nigratrea, Vigo 2006.

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