Cuando pensamos en el olivo en la antigua Grecia, el primer olivo que suele venir a la mente es el que Atenea hizo brotar en la Acrópolis en el transcurso de su disputa con Posidón por el dominio del Ática. Pero hay otro especialmente célebre: el que el héroe Heracles, hijo de Zeus, llevó -según Píndaro (Olímpica III, 31 ss., Pausanias 5.7,7)- hasta el santuario de Olimpia desde el lejanísimo País de los Hiperbóreos (“los que viven más allá del norte”) al que llegó persiguiendo a la Cierva de Cerinea. Luego lo plantó cerca de la meta del hipódromo que hay que doblar doce veces. Pero en este caso se trataba de un acebuche, un olivo silvestre (kótinos), no de un olivo cultivado como el de Atenea (eláia). El olivo silvestre será el emblema del héroe civilizador que va librando al mundo de seres gigantes y monstruos: con madera de este árbol se hizo en Nemea la clava que le acompañará en sus célebres trabajos (Apolodoro, Biblioteca 2. 11 ss.).
Cerca del acebuche plantado por Heracles en Olimpia había un altar de las Ninfas de hermosas coronas (Pausanias 5, 15.3). Una vez al mes, los eleos (quienes organizaban los Juegos, pues el santuario estaba en su territorio) quemaban sobre el altar incienso y granos de trigo amasados con miel y colocaban encima ramas de olivo (Pausanias 5, 15.10).
Lo llamaban el Kalistéfanos, es decir, “el de las hermosas coronas”, y con sus ramas se confeccionaban las coronas de los vencedores en los Juegos Olímpicos -solo de varones- y de las vencedoras en los Juegos Hereos (los juegos olímpicos femeninos). En estos Juegos los premios eran solo coronas (no dinero, a diferencia de lo que ocurría, por ejemplo, en las Grandes Panateneas, en las que había ambos tipos de premios). Las ramas tenían que ser cortadas con un cuchillo de oro por un niño cuyos padres estuvieran vivos.
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Corredora Vaticana (copia romana de un original griego de ca. 460 a.C., que representa a una vencedora en los Juegos Hereos) |
En el santuario, había un bosque de olivos sagrados, el Altis, y con aceite se protegía de la humedad del lugar (era zona pantanosa) la estatua de
culto del dios Zeus, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo,
hecha de marfil y oro por el gran Fidias, que estaba allí, coronado de olivo, con sus 12
metros de altura sentado majestuosamente dentro de su enorme templo (Pausanias 5 11,10).
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El Zeus de Olimpia en el interior de su templo (reconstrucción hipotética) |
Del acebuche se consigue poco aceite y malo para la gastronomía, pero estupendo en medicina (Dioscórides, Plantas y remedios medicinales 1.105), perfumería… y para no quedarse calvo (alopecia androgénica). Tal vez los atletas vencedores habrían preferido una botellita de este aceite a la corona de olivo.
Y hablando de vencedores, el club de fútbol que más títulos tiene en Grecia es el Olympiakós del Pireo, también conocidos como rojiblancos (rojo por la pasión y la victoria y blanco por la virtud, afirman). El joven coronado de su logo está inspirado en el Polideuces coronado que aparece en un vaso de finales del siglo V a.C. conservado en el Museo Arqueológico de Ferrara.
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Olympiakós F.C. |
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Polideuces coronado |