viernes, 20 de noviembre de 2015

Dioses tramposos, héroes folloneros

       Después de Aquiles haya dado muerte a Héctor y ultrajado su cadáver - primero cuantos griegos al pasar a su lado lo herían con sus armas y luego el mismo Aquiles atándolo al carro y arrastrando su cabeza por el suelo-, y antes de comprobar si los troyanos se atreven a continuar defendiendo su ciudad ya privados de su principal valedor, en el campamento griego se celebran las honras fúnebres en honor de Patroclo. Se celebra el banquete funerario, se prepara la pira, se quema su cuerpo (junto con ovejas, bueyes, caballos, perros y una docena de troyanos cautivos, que el difunto lo merece) y se guardan sus huesos (destinados a mezclarse un día con los de Aquiles). Pero antes de que se dispersen las tropas, Aquiles manda que se sienten en un amplio círculo para presenciar una competición deportiva (Ilíada XXXIII  257 ss.), ofreciendo premios que saca de sus naves: calderos y trípodes, hierro, caballos, mulas, ganado y mujeres.


      La prueba estrella es la carrera de carros para la que Aquiles establece cinco premios que saca de sus naves : el ganador se llevará una mujer y un trípode,  el segundo una yegua preñada, el tercero un caldero, el cuarto dos talentos de oro y el quinto una urna de doble asa. Como aurigas participan Eumelo (hijo de Admeto), Diomedes, Menelao, Antíloco (hijo de Néstor) y Meríones. De árbitro, Fénix, mortal semejante a un dios, encargado de estar atento a la carrera y dar fe de lo que ocurra.

        Diomedes se apresta a correr con los caballos que había arrebatado a Eneas cuando se enfrentó con él; Menelao lleva la yegua de Agamenón, Eta, y su propio caballo, Podargo; Antíloco, sus caballos de Pilos, más lentos que los de sus competidores, pero cuenta con los consejos de su padre, el prudente Néstor, sobre cómo echar mano de la maña cuando no se tiene fuerza, es decir, hacer el giro (es carrera de ida y vuelta) mejor que los otros; de Meríones poco se dice y de Eumelo que era experto en el manejo del carro de guerra.

         Hasta aquí, todo normal. Empieza la carrera, se levanta una enorme polvareda, los carros salen de vez en cuando despedidos del suelo y los aurigas mantienen el equilibrio, ansiosos de triunfar.




       Pero cuando los caballos se disponen ya a realizar el último tramo de la carrera, empiezan los problemas: va en cabeza  Eumelo y Diomedes se prepara a adelantarlo. Eso despierta el enfado de Apolo (que no puede ni ver a Diomedes) y le arranca el látigo de las manos; Diomedes llora de rabia al ver que su competidor aumenta la distancia que les separa, pero Atenea le devuelve el látigo e infunde nuevos bríos a sus caballos. Luego Atenea rompe el yugo del carro de Eumelo, que sale despedido del carro sobre una rueda y se abre la frente. Diomedes aprovecha la ayuda de la diosa para ponerse en cabeza, seguido de cerca por Menelao, y Antíloco amenaza de muerte a sus caballos si no sobrepasan a los de Menelao. En la maniobra de adelantamiento, Menelao tiene que ceder el paso a Antíloco para evitar que choquen los carros de ambos...

        Entre tanto, el primero de entre los espectadores en divisar desde lejos a los carros es el cretense Idomeneo. El rojo caballo de Diomedes le revela que viene en cabeza y así lo hace saber a todos. Sus palabras provocan el desprecio de Ayante, hijo de Oileo, que le reprocha que hable tanto no siendo los ojos de un viejo capaces de ver mucho más allá de su cara. Para él está claro que las que vienen en cabeza son las yeguas de Eumelo. Idomeneo se enfada y le apuesta un trípode o un caldero a que él tiene razón. Ayante se levanta dispuesto a responder con violentas palabras, y tal vez habrían llegado a las manos si Aquiles no hubiera intervenido recordándoles que no es el lugar ni el momento de portarse de tal modo.

         En esos momentos llega el primero a la meta, naturalmente, Diomedes, en su carro de oro y estaño y con los caballos chorreando sudor hasta el suelo. Segundo entra Antíloco, quien no por velocidad, sino por astucia, había adelantado a Menelao, que queda tercero. El cuarto es Meríones, aunque fuera peor auriga y sus caballos más lentos, y en último lugar Eumelo, víctima de las trampas de Atenea.

           A Aquiles le da pena  Eumelo -pues es, en realidad, el mejor auriga, y un querido compañero de armas- y propone que se le entregue el segundo premio, pero Antíloco no está dispuesto a cedérselo y exige que, si quiere,  Aquiles le entregue otro premio (pues tiene bienes de sobra). Este accede y le da una coraza de bronce y estaño de elevado valor. Pero Menelao está furioso con Antíloco, y le pide que jure que no le ha adelantado haciendo trampas. Antíloco ve la cosa fea y echa mano de su juventud, presentándose como impulsivo y débil de entendimiento, y le entrega la yegua que le ha correspondido como premio. Así, Menelao puede permitirse la magnanimidad de cederle la yegua aunque le correspondiese en realidad a él, y se conforma con el caldero. Meríones recoge el cuarto premio sin más disputa (menos mal), y entonces, como queda el quinto sin dueño,  Aquiles se lo entrega a Néstor, ya que debido a su avanzada edad no podrá competir en ninguna de las demás pruebas, lo que permite al anciano (¡cómo dejar pasar esta ocasión!) recordar sus glorias pasadas.

           En resumen: una buena carrera de carros era, como vemos, capaz de sacar lo mejor -y lo peor- de cada uno. Y eso que tan nobles guerreros homéricos estaban en un funeral...

jueves, 1 de octubre de 2015

Tres semanas más cerca de Grecia

                Aquí está la relación de entradas de este blog que es útil consultar para preparar los temas introductorios de Griego de 1º de Bachillerato:

- Geografía de Grecia.
- Las lenguas indoeuropeas.
- El griego y sus dialectos.
- La creación del alfabeto.
- Los griegos y su historia.
- Las colonias griegas.



         No resulta sencillo para un principiante alcanzar a leer que en el vaso de la ilustración está escrito en griego "el niño (es) guapo" : ΗΟ ΠΑΙΣ ΚΑΛΟΣ.

       Para quien tenga todavía alguna dificultad con la lectura, viene muy bien esta presentación de Ana Ovando:  Leer griego es fácil.

      Muchas gracias, Ana.

jueves, 16 de julio de 2015

Una nueva edición de teatro clásico en Mérida

Programación
Medea (Vicente Molina Foix, sobre Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas)
Sócrates
Medea (Séneca)
Edipo Rey
Antígona
César y Cleopatra
La asamblea de las mujeres
Hércules
El cerco de Numancia




   
            

            

           



 Hoy, 16 de julio, Edipo es el protagonista





miércoles, 24 de junio de 2015

¿A quién nos manda San Juan, a mediodía, en el pozo?

       Fanitsa dijo, como si hablara consigo misma:
      - Se cumplen diez años desde entonces. Diez justo en este momento.
      - ¿Desde cuándo, mi niña? - preguntó su marido.
     - ¿Desde cuándo? - dijo sonriendo-. ¿Quieres que te lo diga, Yanis? Mira, desde el momento en que vi con mis ojos que eras tú lo que me deparaba la suerte, y decidí casarme contigo. Mi difunto padre, que volvía cada noche completamente borracho -Dios lo tenga en su gloria- siempre me repetía el mismo sermón y me amenazaba con que, si no me casaba contigo, mis hermanitos pasarían hambre y él mismo moriría en la cárcel. Pero yo... bueno, era una niña sin seso y no podía ver lo que me deparaba la suerte.
       - ¡Pues tenías razón, Fanitsa!
       - No tenía ninguna razón, Yanis. Pero el señor San Juan me abrió los ojos.
       - Pero ¿cómo, Fanitsa? Nunca me has contado ese asunto.
      - Mira, te lo cuento ahora, Yanis, ahora que somos viejos. Hacía calor, así como hoy, y aquella cabañita que teníamos allí, en la cima de Cupunia - allí era todo desolación, ya sabes- con techo de hojalata daba mucho más calor. Seguro que te acuerdas de ella, antes de que la arreglase mi hermano con esfuerzo, el pobrecillo. Pero de agua, todo lo que quisieras. El nuestro era el pozo más famoso de toda Cupunia. Bueno, aquel día mi tía Caterinita [...] me dice: "Tenéis un pozo. En pleno mediodía nos taparemos con una manta roja y miraremos el agua durante un largo rato. Y veremos quién pasa, a quién nos manda San Juan".
        A mi también me gustó ese asunto. Mi padre nos llamaba locas y mis hermanos tiraban de la manta, pero mi tía los regañaba. Así que allí, al sonar las campanadas, cada una de nosotras vio su destino. Pipina vio un oficial, tal como llegó a ser pronto su marido. Ahora tiene tres o cuatro galones en Tesalónica, donde está.
       - ¿Y tú, Fanitsa?
      - Yo, Yanis, ya te lo he dicho. Te vi lleno de vida, enjuto, con tu barbita, tu cabello blanco, con tu ropa salpicada de cal y con la paleta en la mano. Pasaste, me dirigiste una mirada - lo digo y se me pone la piel de gallina- y desapareciste.
        Esa misma tarde dí el sí. Y mi padre, que en Gloria esté, se divirtió de lo lindo.
       - Gloriado seas, mi señor San Juan- Con razón me decía mi difunta madre: "Hijo mío - me decía- le debes la vida a San Juan. Los médicos te daban por deshauciado y decidimos cristianarte. Trajimos la pila bautismal y a un pope, el primero que vimos delante, precisamente el día de San Juan, y el santo óleo te sanó. Glorifícalo siempre".  [...] Fanitsa, si te decidieras también hoy, como dice el dicho, a taparte con una manta roja y mirar en nuestro pozo -ahora que también nosotros tenemos pozo- ¿a quién verías, eh?
         Fanitsa saltó de su asiento, agitada y rojísima.




¿Por qué enrojece Fanitsa, una treintañera de ojos negrísimos y ardientes, casada con un viudo treinta años mayor que ella, un pobre hombre que dejó los jardines de Naxos por la albañilería en Atenas y vive convencido de que con su joven esposa entró en casa la primavera? ¿A quién vería ahora Fanitsa si se asomara al pozo el día de San Juan?

Como suele suceder, no es oro todo lo que reluce.

Con mis mejores deseos para Penélope Stavrianopúlu.

 A. Travlandonis, Mediodía en el pozo, texto completo aquí.

domingo, 21 de junio de 2015

La ultramoderna Cultura Clásica

    Cultura Clásica es una materia optativa que se imparte en 3º y 4º de la ESO en nuestro matritense IES Gregorio Marañón y nos aproxima a los orígenes de una cultura que es la nuestra, permitiendo que la conozcamos e interpretemos mejor, con mayor profundidad, independientemente de que seamos "de Ciencias" o "de Letras". 
     Como dice un refrán conocido que "obras son amores, que no buenas razones" (el clásico facta, non verba), os propongo comprobar en qué nivel de conocimientos os encontráis analizando la viñeta que viene a continuación y respondiendo a una simple pregunta: ¿cuál es su tema?



     Si reconoces simplemente que se trata del Caballo de Troya y sabes que hay alguien en su interior, sin más detalles, puede deberse a que has visto un episodio de Los Simpson,  o has leído (o te han leído) algún cuento infantil sobre mitología griega.


 

     Si eres capaz de responder que los de dentro del caballo son griegos y los soldados dormidos fuera troyanos, sin duda la Cultura Clásica no te resulta ajena, y el tuyo puede ser un excelente punto de partida para adentrarte en un mundo culturalmente más amplio.


   
     Si además puedes justificar por qué el humorista escoge el nombre de Leteo para el griego que ha olvidado "traer la maldita llave de la trampilla" (porque beber agua del río de igual nombre en el Hades hacía olvidar todo), estoy casi segura de que has cursado ya esta materia y disfrutarás en un Bachillerato de Humanidades.
        Seguro que, en adelante, no tendrás problema alguno para interpretar viñetas como la que sigue, pues el mundo clásico es una referencia más que válida para el mundo actual, que analizamos en las clases con un ojo en el pasado y otro en el presente:



     Te invito a que continúes evaluando tu capacidad de interpretación de imágenes antiguas y actuales en la presentación a la que accedes desde aquí, y a que te informes sobre algunos de los temas que tratamos y cómo lo hacemos (y doy las gracias a los alumnos de ESO y Bachillerato, antiguos y actuales, que aparecen en ellas, convertidos en ejemplo práctico de lo que, año tras año, aprendemos en teoría).


viernes, 12 de junio de 2015

¿Peste o resistencia? ¿Ontología o rizófago?

Aquí están los exámenes de Griego II propuestos en Madrid en la PAU en junio.
Este año pasará a mi historia como docente por la pregunta acerca del archiconocido término rizófago. Como no se me ocurrían, así de pronto, muchos animales de esta calaña, excepto el cerdo que come de todo, he hecho la oportuna consulta: son o pueden ser rizógagos las larvas de las variedades Anoxia villosa o Melotontha, melotontha,  el gusano alambre, el gusano de la frutilla, la larva de la mosca de la zanahoria, y, menos mal, alguna especie de ardilla, ratas y ratones de campo -si se les antojan las raíces-,  la rata canguro y la la vizcacha (cuya existencia hasta hoy desconocía).
A la cama no te irás sin saber una cosa más.






sábado, 30 de mayo de 2015

El año que vivimos trágicamente

     Si me preguntaran por cuál de las tres protagonistas de la IV Gymkhana Mitológica, Electra, Antígona o Medea, siento mayor predilección, me resultaría complicado decidirme.
     Electra, personaje al que he dedicado atención en tiempos pasados, me resulta menos fascinante que su madre, Clitemestra, puesto que su comportamiento de mujer "de rompe y rasga" (y muy comprensible si tenemos en cuenta todos los agravios que Agamenón le había infligido antes de caer asesinado al regreso de Troya) inquietaba sin duda a los contemporáneos de Esquilo, Sófocles y Eurípides hasta extremos insospechados. Tanto empeño en demostrar que, pase lo que pase, vale más la vida de un padre (Agamenón) que la de una madre (la propia Clitemestra) es una muestra clarísima de los valores de una sociedad patriarcal sin fisuras, como era la griega.
     Medea, por su parte, es otra mujer que se toma la justicia por su mano, pero, a diferencia de la "varonil" Clitemestra, la mujer de la Cólquide no era susceptible de convertirse en un tan mal ejemplo para las griegas de la época como Clitemestra, pues barbaridades del calibre de las cometidas por una madre capaz de matar a sus hijos sólo se entendían en cuanto ella misma era una bárbara.
    Pero Antígona... Ella es la buena hija, la buena hermana, y hasta podría haber sido buena sobrina y buena esposa si a Creonte no se le hubiera subido el poder a la cabeza, evitando a tiempo una horrible cadena de muertes en su más directa familia (incluyendo su hijo y su esposa).  Pero ¿era acaso Antígona, desafiando a su tío, aunque por piadosas razones, un buen ejemplo para las mujeres?  ¿Querían los griegos de la época clásica que ellas pensaran por su cuenta y actuaran en consecuencia? No. Pero es que a Antígona ya no le quedaba más pariente varón que tomara decisiones y las llevara  a cabo que el propio tío que la condenó a muerte.
       Dando vueltas -desde nuestra perspectiva de occidentales del siglo XXI- a estos y otros temas relacionados con las familias de aquellas mujeres excepcionales, hemos pasado parte de este curso vivido trágicamente, sin poder encontrar consuelo entre tanto crimen, ni todas las  respuestas a nuestras preguntas. Por eso, cuando ha llegado el momento de salir a demostrar de qué nos ha servido tanta lectura y comentario de fragmentos de tragedia, hemos puesto nuestras mejores caras y acudido al teatro que es la vida a arrostrar las pruebas que nos pusiera por delante.
      Dos coreutas, que en tiempos se vieron en la piel de sufridas gymkhanistas nos acompañaban dispuestas a contribuir con todo su entusiasmo a la puesta en escena de la tragedia del 23 de mayo.


Yasmine y Rebeca

     Y dos grupos de cultivadores de la lengua y cultura de los antiguos griegos y romanos se dispusieron a representar en la obra el papel que les adjudicara el destino. Uno de ellos eligió por nombre Sátiros al blanco, por su deseo de ser certeros cada vez que dispararan sus flechas y evocando a la vez la presencia de estos seres animalescos en los teatros antiguos. Y ante el pequeño Cupido de la Rosaleda probaron su puntería.


Ana, Nerea, Patricia y Álvaro (1º de Bach. Humanidades  IES Gregorio Marañón)


    La suerte les sonrió menos que al otro grupo que ostentaba el ominoso nombre de El esguince de Aquiles. Decididos a evitar que les sucediera como al héroe que sufrió un percance fatal en su tobillo, se dirigieron en Metro hasta el lugar de encuentro, no ya los alrededores del palacio de Troya, sino del de Velázquez.

Daniel, Sara, Beatriz, Jorge y Rosario (4º ESO IES Gregorio Marañón)

 
              Supieron emplear su ligereza de pies y agudeza de ingenio y terminaron segundos tras disputada batalla.





      Sus orgullosas profesoras felicitaron por igual a ambos grupos. Y se felicitaron a sí mismas por su pequeña contribución a que Esquilo, Sófocles y Eurípides sigan vivos en estos tiempos difíciles para las Humanidades.