jueves, 23 de enero de 2014

¿Qué tienen en común una pirámide, un huevo cortado por la mitad y una isla de queso?










 








Ni la forma, ni el color, ni el tamaño. Simplemente que son parte de nuestra herencia.
¿Nuestra herencia?
Sí, y lo comprobaremos en clase en la edición 2014 del evento "Yo conozco mi herencia. ¿Y tú?" que tendrá lugar el 14 de febrero, con el objetivo de reclamar, ante la LOMCE, un lugar para la Cultura Clásica, el Griego y el Latín en la Enseñanza Secundaria. 
Aunque resulta tentador mantener la intriga hasta ese día, festividad de San Valentín, que muchos asocian al amor, sí  podemos dar algunas pistas sobre los autores y las obras a los que nos vamos a aproximar: el libro II de la Historia de Heródoto, el Banquete de Platón y  los Relatos Verídicos de Luciano de Samósata. Tres clásicos, tres géneros, tres joyas que hemos heredado.
Disfrutaremos de ellas y las comentaremos como se merecen.


sábado, 11 de enero de 2014

¿A quién tengo el gusto de ir a matar?

      Glauco, hijo de Hipóloco, y Diomedes, hijo de Tideo, coinciden en el espacio que separa a griegos de troyanos. Antes de hacer uso de las armas, el valiente Diomedes, al parecer sin prisas por derramar sangre,  toma la palabra para preguntar por su identidad al desconocido que osa hacerle frente, pues nunca lo ha visto antes en la lucha, no vaya a ser un dios que ha bajado a la tierra, porque es bien sabido que un mortal nada puede contra la divinidad. Glauco le responde con quizá las más bellas palabras de La Ilíada (VI, 145 ss.):

- ¡Magnánimo Tidida!  ¿Por qué me preguntas mi linaje?
Como el linaje de las hojas, tal es también el de los mortales.
De las hojas, unas tira a tierra el viento, y otras el bosque
hace brotar cuando florece, al llegar la sazón de la primavera.
Así el linaje de los hombres, uno brota y otro se desvanece.

Diomedes y Glauco intercambian las armas


      Pero  no por ello deja de responder con gran lujo de detalles a la pregunta de Diomedes, subrayando que él, desde luego, no es un desconocido para muchos. Su familia procede de Éfira, en Argos, donde Sísifo, el más astuto de los mortales, tuvo por hijo a Glauco, y éste a Belerofonte, de quien se enamoró Antea, la esposa del rey de Tirinto, Preto. Como Belerofonte la rechazó, la despechada mujer pidió a Preto que le matara, acusándolo de haber intentado seducirla. Preto envió a Belerofonte a Licia, donde vivía su suegro, con orden de entregarle una tablilla que contenía -sin saberlo el inocente joven- su sentencia de muerte.

Preto entrega la tablilla a Belerofonte. Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)

      Llegado a Licia, el rey Yóbates  hospeda a Belerofonte magníficamente durante nueve días; al décimo le pide la tablilla. Con intención de que muera, primero le ordena luchar con la monstruosa Quimera, mezcla de serpiente, león y cabra, que echaba fuego por la boca. Luego le enfrenta a los feroces sólimos, y a las amazonas, y, como sale con bien incluso de una emboscada urdida por el  mismo rey, Yóbates se da cuenta de que el joven es descendiente de un dios y le entrega a su hija por esposa, naciendo de esta unión tres hijos. Uno de ellos, Hipóloco, es el padre de Glauco, aquí presente, frente a Diomedes. Hipóloco lo envió a Troya ordenándole sobresalir por encima de todos y no mancillar el linaje de sus antepasados argivos y licios.

Quimera- Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)


     En el acto, Diomedes clava la lanza en el suelo: su adversario es antiguo huésped de su familia, porque su abuelo, Eneo, hospedó durante veinte días al valiente Belerofonte e intercambiaron regalos. Ahora es momento de hacer otro tanto, y no luchar uno con otro, pues hay abundancia de aqueos y troyanos para elegir a quién matar. 

- Troquemos (dice Diomedes) nuestras armas,  que también éstos se enteren
de que nos jactamos de ser huéspedes por nuestros padres.

      Ambos saltan del carro, se cogen de las manos y sellan su compromiso. Pero Zeus le hace perder el juicio a Glauco, porque cambia sus valiosísimas armas de oro por las baratas de bronce de Diomedes.

      ¡Ah, las leyes sagradas de la hospitalidad que Zeus protege! Menos mal que Diomedes tiene la ocurrencia de preguntar antes de atravesar con la lanza a un desconocido (o de caer a sus manos). Y qué situación la de Glauco en esta guerra de Troya, nieto de  griego y aliado de los troyanos por la vía materna. Como sucede con frecuencia en las guerras, en que se pertenece a uno u otro bando simplemente por el lugar en que a uno le ha sorprendido...

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La traducción es de Emilio Crespo, para Ed. Gredos (Madrid 2000)

martes, 31 de diciembre de 2013

Feliz 2014

       Termina el año 2013, y nos ha dejado abiertos unos cuantos frentes. Entre ellos, sigue sin crearse empleo (sobre todo para jóvenes),  sin renovarse para bien nuestra clase política, sin aprobarse una ley de educación que genere esperanzas razonables de mejora para nuestros alumnos, que son los ciudadanos del futuro. Por eso, traigo hoy a esta despedida de 2013 y bienvenida del 2014 por un lado a la Quimera de un cuerpo y tres cabezas (serpiente, macho cabrío y león), y por otro al grácil y alado Pegaso, que lleva sobre sus espaldas a un Belerofonte armado de lanza que promete ponerle las cosas difíciles al monstruo, por más que el tiempo intente escamotearnos al héroe.


Mértola. Mosaico de Belerofonte. Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)

         Sea Belerofonte el año que se abre ante nosotros, y Pegaso, nosotros mismos, uniendo esfuerzos para pasar de una vez página y conseguir un futuro mejor para todos. 

         Salud, trabajo y suerte. Y, si se ponen a tiro, dos exposiciones monstruosas que tienen mucho que ver: Mostri. Creature fantastiche della Paura e del Mito, en el Palazzo Massimo alle Terme de Roma (hasta el 1 de junio) y Las Furias. De Tiziano a Ribera, en el Museo del Prado de Madrid (del 21 de enero al 4 de mayo).


domingo, 29 de diciembre de 2013

Una expedición fallida a Naxos

      A los persas, les salió mal la expedición que emprendieron en 499 a.C. contra la fértil isla, tal como nos cuenta Heródoto en el libro V de su Historia (31 ss.) y puede verse en este enlace: Naxos. Iba a convertirse en la base de operaciones para hacerse dueños de las Cícladas y de la más lejana y grande Eubea, pero los naxios estaban preparados y acabó saliendo demasiado caro permanecer en la isla hasta vencer la resistencia de los isleños, por lo que los persas les dejaron en paz... hasta el 491 a.C.

Naxos, Templo de Apolo. Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)
       La isla es realmente una joya, tanto en vegetación como en paisajes, y su queso (graviera) una delicia para el paladar. En sus tierras se ubica el lugar en que Ariadna, que había ayudado a Teseo a salir del Laberinto, fue abandonada por él durante el viaje de regreso a Atenas, y donde, a continuación, se convirtió en esposa del dios Dioniso. También quedan restos de un bello templo de Demeter, diosa a la que la isla debía su fertilidad.


Ano Sangri, Templo de Demeter. Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)

        Tampoco hay que perderse en Naxos los enormes  kouroi inacabados o rotos de Apóllonas y Flerió, que siguen tumbados en las mismas canteras de las que iban a salir para convertirse en ornato de algún lugar de culto.

Apóllonas. Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)


martes, 24 de diciembre de 2013

Samos y sus tres maravillas

Imagen: R. Mariño (CC BY NC ND)
       Podría pensarse, no sin razón, que la primera maravilla de Samos es haber tenido por hijo nada menos que a Pitágoras, un "samio universal", conocidísimo al menos por su teorema, o bien haber sido la cuna de Coleo, el primer griego del que sabemos que anduvo por tierras de la Península Ibérica.

     También cabría pensar que otra maravilla debió de ser el anillo  de oro y esmeralda obra de Teodoro de Samos, valiosísima posesión de Polícrates, arrojado por este tirano al mar para seguir el consejo que le había dado su amigo Amasis, faraón egipcio: tras hacerse con el poder, Polícrates  sumaba tantos éxitos uno tras otro en todo lo que emprendía que Amasis le recomendó que, para evitar la envidia de los dioses,  se deshiciera de la más valiosa de sus posesiones: su sello. 

      Pues ni Pitágoras ni el anillo; según nos informa Heródoto en el libro III de su Historia, las tres maravillas de Samos fueron tres obras públicas de muy altos vuelos, capaces de aumentar el esplendor de la corte y dar trabajo a los artesanos : el túnel de Eupalino bajo el monte Ámpelo, de más de 1.200 metros de longitud y casi dos metros y medio de alto y ancho, acueducto que servía también para salir huyendo de la ciudad en caso de necesidad; la escollera que protegía el puerto, de más de 300 metros de larga y al menos 35 metros de profunda; y el templo de Hera, de más de cien metros de largo por cincuenta y seis de ancho, y ampliado después de haber sido arruinado por un incendio, actualmente Patrimonio de la Humanidad.

        Restos de estas tres maravillas son aún visibles en la verde isla, y pueden verse en este enlace: Samos.

Túnel de Eupalino- Imagen: R. Mariño (CC BY NC ND)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Tera (Santorini)

     Santorini (Σαντορίνι), la isla bajo la advocación de una santa que ha recibido en la historia diversos nombres (Θήρα -Tera-,  Στρογγύλη -Redonda-, Καλλίστη -La más bella-), muestra en su propia forma de media luna los devastadores efectos de la tremenda explosión volcánica que tuvo lugar en  torno al 1600 a.C. Ha sido considerada por algunos la Atlántida, la isla rica y poderosa tragada por un cataclismo de la que habla Platón en dos de sus diálogos: Critias y Timeo, pero se trata simplemente de un mito, tan efectivo como otros creados por el filósofo.


Firá- Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)

       Quines ahora la visitan lo hacen generalmente llevados no por sus riquezas (aunque de ellas hay buena muestra en los museos), sino por su belleza espectacular, con acantilados de roca oscura o rojiza con los que contrastan  sus coloridas casas e iglesias, asomadas a un mar de azulísimas aguas.

Ía (Santorini)- Imagen: Rosa Mariño (CC BY NC ND)


   

sábado, 7 de diciembre de 2013

Safo de Lesbos: como el viento que arremete a las encinas...

      En este enlace a Safo, podemos intentar penetrar en su mundo por medio de sus palabras, conservadas de manera fragmentaria tal vez a causa del juicio moral que en ya en tiempos antiguos se hizo de ella, y asociándolas a los lugares que tuvo tal vez ante sus ojos o en su imaginación: su isla natal, Lesbos, en la que florecieron las ciudades de Ereso, donde nació, y la hermosa Mitilene, además de Antisa (patria del poeta Terpandro) y Petra; también la muy próspera ciudad de Sardes, en Lidia, cuyo río, el Pactolo, arrastraba oro, porque allí residían muchas de las amigas de Safo tras contraer matrimonio; el Epiro, región por la que transcurre el río Aqueronte, relacionado con el mundo de los muertos y, por ende, el cese de los sufrimientos que afligen a los tristes mortales, y, finalmente, la isla de Léucade, donde algunas noticias antiguas situaban el suicidio de Safo, al no ser correspondida por el joven Faón.