domingo, 20 de octubre de 2013

Cantas como si navegaras hacia Delos

    Eso decía un proverbio antiguo (Zen. Par. II 37), refiriéndose al que "es despreocupado y amante del placer. Porque la navegación hacia Delos es fácil y los que llegaban allí solían cantar despreocupadamente cuando navegaban".

    Quien escribió la explicación del proverbio, no debía de tener en mente lo que sobre el viaje a Delos, la isla ceñida por las corrientes en la que nació el hijo de Zeus y Leto, dice el autor del Himno Homérico a Apolo (vv. 27, 165 ss.):  

"Sedme propicio Apolo, junto con Ártemis. Y en adelante acordaos de mí cuando alguno de los hombres de la tierra, un extranjero que llegue aquí después de haber sufrido mucho, os diga:  -¡Muchachas! ¿Quién es el más dulce varón de los aedos que aquí os frecuentan?."

    No se tarda más de media hora en llegar a la árida Delos (Patrimonio de la Humanidad)  desde el puerto de Míconos,  pero el trayecto no debe de ser "coser y cantar" cuando la climatología desaconseja la navegación. Hasta que llegue el momento, puede echarse un vistazo a la isla aquí, siguiendo unos fragmentos del Himno a Apolo antes mencionado.

Delos desde el monte Cinto (Foto: R. Mariño)
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Traducción del proverbio de R. Mª Mariño Sánchez-Elvira y F. García Romero, en Proverbios griegos. Menandro, Sentencias, Ed. Gredos, Madrid 1999,  p. 102.
Traducción del fragmento del Himno Homérico a Apolo de A. Bernabé Pajares, en Himnos Homéricos. La Batracomiomaquia, Ed. Gredos, Madrid 1978, p. 113.
 

jueves, 17 de octubre de 2013

Es peligroso no obedecer a papá...

      Pobre Ícaro, ahí, caído, con las alitas intactas pero las extremidades rotas ante el templo de la Concordia de Agrigento. Un escultor moderno te ha trasladado hasta Sicilia, donde desde luego podrán verte muchos más caminantes que bajo las aguas del mar al que diste el nombre, junto a la bella Icaria.


Ícaro (Foto: Rosa Mariño)

         Dédalo, tu padre, no paraba de inventar. Había construido el Laberinto, para que el rey Minos alejara de la vista de los hombres al monstruoso hijo que su mujer, Pasífae, había concebido con un toro y tenía parte de humano y parte de bestia, el Minotauro. Antes, había preparado una vaca de madera para que la reina lograra ser objeto de la atención del toro del que ella se había enamorado (una sofisticada venganza de Posidón, deseoso de castigar a Minos por no haberle ofrecido un sacrificio que le había prometido), y  dicen que además le dio a Ariadna el ovillo que permitiría a Teseo salir del Laberinto tras haber matado al Minotauro. Minos debía de estar ya harto de tu padre  cuando, tras huir juntos su hija Ariadna y Teseo, os encerró a los dos allí dentro. Y a tu padre se le ocurre que la mejor forma de escaparse es fabricando dos pares de alas, con las plumas pegadas con cera, y te advierte que no vueles ni demasiado bajo ni demasiado alto. Hay que comprender que, demasiado entusiasmado con semejante experiencia, intentaras subir tanto que el sol derritió la cera de tus alas y caíste al mar, perdiendo la vida. Cerca de una isla, a la que tu padre llamó Icaria, antes de seguir su camino hacia Sicilia.
         Esta versión es mucho más poética que la que pretende que eras, simplemente, un mal navegante (porque nadie se cree lo de que un hombre vuele con alas artificiales) y te habías ahogado,  en soledad, buscando a tu padre, o en tu propia barca, detrás de la de Dédalo.

           ¿Y dónde estaba la madre protectora que esperaríamos a tu lado, como Tetis con Aquiles, o Dánae con Perseo? A saber. Como era una esclava, nadie se acuerda de ella.

            De todas formas, morir por desobedecer a un adulto (ser un joven rebelde, con o sin causa) queda mucho mejor que perecer por patoso (no saber manejar la vela, o, peor aún, caerse al agua al intentar saltar a tierra).

              Ícaro, no reniegues nunca de tus alas.
            
           

martes, 10 de septiembre de 2013

Bienvenida al nuevo curso desde el Ponto Euxino

        Este año, damos la bienvenida al nuevo curso con imágenes de una de las colonias más importantes que fundaron los griegos en una pequeña isla junto a las orillas del Ponto Euxino (Mar Negro), a la que pusieron el nombre de Mesembria (Nesebar en la actualidad, en Bulgaria, ciudad declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad y unida por un istmo a tierra firme, como puede verse en la imagen de más abajo).
        Su situación, como puerto, era buena entonces (aunque no tanto como la de la vecina Apolonia del Ponto, la actual Sozopol) y en los tiempos que corren se ha convertido en, además de un atractivo destino cultural (gracias a sus restos arqueológicos, iglesias y casas tradicionales), un muy solicitado enclave turístico, ya que posee en sus inmediaciones una larguísima playa que los del lugar quieren convertir en algo similar a nuestra Costa del Sol, tan lejos de allí, en las tierras situadas a occidente que los griegos llamaron Iberia, y luego los romanos Hispania.
      
Mesembria-Nesebar (Bulgaria)
     
            Al igual que en el Ponto, también en Iberia eligieron los descendientes de los griegos asentados en Massalia (Marsella) un islote para fundar la que sería principal colonia griega en la Península Ibérica: Emporion.
             
        A un lado y otro del Mediterráneo, de Mesembria a Emporion, los inquietos griegos que se veían forzados a alejarse de sus ciudades de origen en busca de una vida mejor, llevaron su cultura, a la que tanto debemos. Conocerla será nuestro objetivo para los próximos meses.

Escena de banquete (Museo Arqueológico de Nesebar)
  

miércoles, 3 de julio de 2013

Siete buenas razones para visitar Mérida en verano

con ocasión de las siete las obras programadas dentro del 59 Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida 2013:

del 5 al 7 de julio 
Ballet Nacional de España













                                                      del 10 al 14 de julio



 del 17 al 21 de julio















                                                       del 24 al 28 de julio



del 1 al 11 de agosto














                                                         del 14 al 18 de agosto



del 21 al 25 de agosto
















Buen verano. 
Καλό καλοκαίρι.

sábado, 22 de junio de 2013

El banquete de los feacios

      Desde que leí por primera vez en griego y  con mayor detenimiento que hasta entonces La Odisea, me ha llamado la atención el hambre de la que con frecuencia se quejaba Odiseo ("dejadme cenar -dice a los feacios- aunque siga afligido, pues no hay nada más perro que el vientre maldito -οὐ γάρ τι στυγερῇ ἐπὶ γαστέρι κύντερον ἄλλο ἔπλετο- que me hace pensar en él por grande que sea mi dolor", Od. VII 216 ss.) y que llevaba a sus compañeros hasta el extremo de matar y devorar las vacas sagradas de Helios, que iban a ser causa de su ruina ("cualquier muerte -dice Euríloco- es odiosa a los pobres humanos, mas nada tan horrible, en verdad, como hallar nuestro fin por el hambre", Od. XII 340 ss.).

     Los que nunca hemos sufrido naufragios ni calmas chichas, sino que cuando accedemos a un barco, lo normal es que disponga, sino de varios restaurantes, al menos de un pequeño bar con bebidas y algo para entretener el estómago, no podemos entender aquello de vender algo valioso por un plato de lo que sea. Y, desde luego, no hay nada más valioso para vender que la propia vida.


       Por eso, cuando los compañeros de Odiseo nos hemos embarcado con él en la ruta de vuelta al hogar, íbamos bien provistos de víveres y poniendo un atento cuidado en que ningún ser viviente nos los arrebatara. Aunque sucumbiéramos un rato a los narcóticos efectos del loto, aunque cayéramos de nuevo en el engaño de Circe y recuperaráramos más tarde nuestra forma humana, de mayor estatura ahora, la comida no se alejaba ni un palmo de nuestras manos.



      Hemos presenciado cómo las almas de los difuntos acudían a la llamada de Odiseo y animado a Calipso a que dejara marchar de una vez al triste héroe, cansado de tantos paseos. Finalmente, hemos tenido la suerte de sentarnos a su lado en el banquete en el que por fin se aviene a narrar  sus fatigas a quien las quiera escuchar.


  

        El sol se había puesto ya tras el horizonte cuando nos hemos despedido de Odiseo, que partía, ahora sí, sin más desvíos, derechito a Ítaca. Los pretendientes no saben, seguro, que les queda bien poco que festejar.

jueves, 13 de junio de 2013

Si emprendes el camino a Ítaca

      Mi mansión está en Ítaca, insigne en el mar.

   Son palabras de Odiseo, que lleva veinte años casi fuera de su tierra, a los feacios  cuando decide al fin revelar su identidad (Odisea IX, 21). Pero cuando llega a la isla, lo hace dormido y no le resulta tan fácil reconocerla.

      Si Odiseo se despertara ahora, esto es lo que encontraría: Ítaca.


martes, 11 de junio de 2013

Arquíloco de Paros: ¿escorpión o héroe?


    Autor de elegías y yambos, cuya vida transcurre en el siglo VII a.C., la época de las grandes colonizaciones, Arquíloco de Paros es un personaje difícil de encuadrar, puesto que la tradición, a partir de textos fragmentarios suyos, faltos de un contexto en que ubicarlos, hacía de él un mercenario hijo de una esclava y  de un tal Telesicles, colonizador de la isla de Tasos, un calumniador que utilizaba sus agresivos, mordaces y obscenos versos para atacar a sus enemigos,  mientras que en su isla, Paros, era considerado un héroe local protegido por los dioses e inspirado por las Musas, introductor de los cultos dionisíacos, y padre de innovaciones en música y poesía, y le rendían culto en un Archilocheion construido en su honor por mandato de Apolo. La suya habría sido una vida dedicada a la guerra,  muriendo, precisamente, en lucha contra los habitantes de la vecina isla de Naxos, y a su asesino, un tal Calondas, alias "El Cuervo", el dios Apolo, en Delfos, le habría ordenado salir del templo por haber dado muerte a un servidor de las Musas.

 Los temas de su poesía son variados: el amor, el desamor, el vino, la guerra, los dioses, la muerte, la pobreza, la injusticia...

Aquí puede verse una selección de fragmentos ilustrada con imágenes de los lugares que en tiempos fueron testigos de su actividad:       Arquíloco.